Después de la operación estaba más viva que nunca, mi mirada era brillante, pero todo aquello sólo había empezado.
Veinte días más tarde, llamó el doctor Cabiol y el diganóstico era un Meduloblastoma Infantil, que por ende, era maligno.
Rafa me acompañó ese día y por un momento me sentí hundida, le cogí de la mano y eché una lágrima. Le dije al doctor: -"Bueno, lo superaremos." Pero tenía miedo, mucho miedo. Pensaa en el dolor físico y psíquico que esto iba a implicar a mí y a mi família. Se tramitaron los papeles para la quimioterapia y, aún sigo creiendo que fue el momento que más lloré. Mi idea era volver a mi puesto de trabajo lo antes posible y en ese momento, por muy bien que fuera todo, estaría con esto, como mínimo, dos años.
De todas maneras intenté disfrutar de esos días hasta empezar el tratamiento, y me dió por comer, creyendo que sería lo mejor para estar fuerte. Todo el mundo adelgaza con un cáncer, y voy yo, y hago lo contrario, con lo que cuesta perder unos kilos.
En la visita al oncólogo se decidió empezar el tratamiento el día 21 de diciembre, y hacerla los cuatro días siguientes a partir de ese. Así pues, se acabó la primera sesión el día de nochebuena.
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