dissabte, 9 d’abril del 2011

Sesiones de radio

El día 23 de junio, empezaron las sesiones de radioterapia, no eran dolorosas, pero en mi casi había muchos efectos secundarios. Vómitos, sequedad de boca, dolor de oídos, cansancio físico y un malestar general que no deseo a nadie.
El hospital de la terapia es frío a pesar de ser verano, hacía una temperatura muy baja, supongo que la maquinaria así lo requiere.
Allí conocí a una señora con el mismo diagnóstico que el mio, y como es normal, hablamos mucho. 
Después de cada sesión había tres o cuatro vómitos y lo único que quería era llegar a casa y tumbarme. Perdí el apetito y todo me caía mal. Las tónicas se hicieron mis compañeras indispensables; el agua me provocaba vómitos.
Cada día, hasta el 23 de agosto, cogía una ambulancia. Por cierto, gracias a todos los que en su día me llevaron al hospital; había algunos súper amables.
Lo peor de la radio es que no tenías recuperación. Te radiaban durante cinco días y el fin de semana, cuando estabas peor. Aúno hoy en día sigo teniendo efectos secundarios, pero ya empiezo a recuperarme.
Esa lucha es muy dura, en mi caso, primero te abren, después te envenenan y te abren de nuevo y luego me fríen. Todo esto para ganar algo, y es que nos aferramos a la vida con uñas y dientes, y yo siempre he dicho que la vida son las vacaciones de la eternidad y quiero llevarme todas las fotos que pueda de estas vacaciones.
Deseo las fotos de mis hijos acabando sus estudios y siendo felices con quien ellos quieran. Deseo una foto de Rafa escalando una vía de 8-A, o haciendo una carrera con Maribel (sin que tengan ningún tropiezo. Deseo ver a mi madre bailando su mejor tango. Tengo tantas fotos que hacer, que deseo unas largas vacaciones.